Preñado por Rigoberto S Lequerica

Hoy desperté con una molestia en el ojo derecho, un poco de dolor pulsante en el parpado superior. Al rozarlo con mi dedo, el malestar aumentaba, sentía el pedazo de carne abultándose, lo sentía crecer, moverse, respirar. La bola, ese será el primer nombre que le daré al material aparentemente grasoso que se acumula en mi parpado, crecía a un ritmo acelerado. Cerca de la tarde ya el dolor se había expandido, y no me refiero a ese dolor único que de una pequeña área crece y se expande hasta ocupar por completo un músculo, una extremidad o algún órgano; me refiero a que exactamente el mismo dolor, el mismo proceso, comenzó a repetirse en mi ojo izquierdo: primero, una pulsación leve que parece reaccionar al tacto; segundo, una bola de grasa que se endurece, se infla y se torna roja; tercero, aparece un pequeño punto blanco lleno de pus vivita, amarillenta y cremosa. Y es esta tercera etapa la más complicada.

Con el dolor en ambos ojos, primero el derecho y luego el izquierdo, ambos en los parpados superiores, decidí ser valiente y enfrentar a las bolas frente al espejo. Los ahora ya fetos, parecían moverse en búsqueda de mayor espacio. Traté de abrir los ojos hasta más no poder, con los fetos sobre mis parpados, pestañear representaba un trabajo directo y complicado para los músculos de mi frente, mandíbula y cuello. El mundo era un rectángulo, divisiones geométricas de cuatros lados en donde habían sido colocadas figuras de árboles, personas y casitas. Aunque de vez en cuando el peso del feto de pus cedía ante la gravedad, aparecía el bulto, la línea curva que me avisaba que ya casi era la hora del parto.

Mis pestañas comenzaron a caerse, no a caerse, a aflojarse, se separan de la carne y quedan allí inmóviles, sostenidas por un hilo transparente, casi invisible y aparentemente interminable. La fibra surgía desde la raíz y se extendía hasta lo profundo de mi piel, la sentía atravesar el músculo. Ya sin pestañas, quedaba el feto al aire libre, y el pequeño círculo blanco a punto de reventar. Las palpitaciones comenzaron en el lado derecho, algo lo empujaba de adentro hacia afuera. Me acerco al espejo hasta casi pegar mi rostro sobre la superficie, en un esfuerzo que me parece sobrehumano alzo la mirada, me llevo el pulgar y el índice directo al feto y aprieto, aprieto con fuerza, siento un cosquilleo desde adentro de la masa de grasa. Continúo presionando, el dolor parece extenderse y por unos segundos siento mi rostro entero paralizarse, y muy lentamente comienza el pus a salir del feto. Ya no es un feto es un algo. Una pequeña mancha negra, casi gris, salió del agujero, se quedó allí inmóvil, bañada en grasa. Un pequeño punto comenzó a moverse, cosquillear sobre mi parpado y mi frente, era un bichito con patas minúsculas. Logro alcanzarlo con mi pulgar y aplastarlo. Las cosas continúan saliendo y el hilo transparente que emana de los agujeros donde en algún momento estuvieron mis pestañas comienza a surgir como si tuviera vida propia. Mi rostro se llena de puntos, de cosas que caminan rápidamente, suben a mi cabello y sin importar que haga para sacarlas continúan avanzando, surgiendo. En mi parpado derecho el feto se abría paso dividiendo mi piel en dos, una grieta en erupción de pus y sangre. De allí surgió una cosa, primero salió una de sus patas, extensiones largas de pelusa, una de cada lado, avanzaba la pata izquierda, luego la pata derecha. Un par de pedipalpos que se asomaron directo al espejo, vi sus ojos observándome, dos cuartetos de ojos que miran. La cosa sabe que yo la parí, que la parí a ella y a todos sus hermanos, vi su mandíbula moverse y llamarme mamá, vi un exoesqueleto completo salir de mí, vi ocho patas deslizarse por mi rostro acercase a mi oído y susurrarme lo mucho que me agradecía por traerla a este mundo. Las cosas eran mis hijos.

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5 Comments

  1. Qué maravilla, me encantó este relato surrealista((? Causa angustia y atrapa al momento.
    Me parece que es el reflejo de alguien que tiene mucho que decir pero que no puede y ese decir quiere salir por su propia cuenta sin tener piedad de su dueño. #Reblog.

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  2. Reblogueó esto en Inhalando líneasy comentado:
    #RecomendaciónDelMes

    Hoy desperté con una molestia en el ojo derecho, un poco de dolor pulsante en el parpado superior. Al rozarlo con mi dedo, el malestar aumentaba, sentía el pedazo de carne abultándose, lo sentía crecer, moverse, respirar. La bola, ese será el primer nombre que le daré al material aparentemente grasoso que se acumula en mi parpado, crecía a un ritmo acelerado. Cerca de la tarde ya el dolor se había expandido, y no me refiero a ese dolor único que de una pequeña área crece y se expande hasta ocupar por completo un músculo, una extremidad o algún órgano; me refiero a que exactamente el mismo dolor, el mismo proceso, comenzó a repetirse en mi ojo izquierdo: primero, una pulsación leve que parece reaccionar al tacto; segundo, una bola de grasa que se endurece, se infla y se torna roja; tercero, aparece un pequeño punto blanco lleno de pus vivita, amarillenta y cremosa. Y es esta tercera etapa la más complicada.

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  3. Me gusta su estilo, tiene la capacidad de atinar en el uso de las palabras, tan apropiadas al describir y transmitir las sensaciones de lo que puede ser un sueño o una cavilación psicodélica. Repulsión y curiosidad en cada frase, más de lo segundo, en su correcta medida, como para empujar al lector a través de las líneas hasta el final.

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